Otra varias granadas a dos edificios del gobierno

Otra verdad que nunca llegará a la luz. Las primeras horas del lunes
auguraban buenas noticias para el Gobierno de Nicolás Maduro pero
desmoralizadoras para aquellos venezolanos y venezolanas que veían la luz al
final del túnel.  La muerte de Óscar Pérez.

El lunes 15 de enero de 2018, los habitantes de El Junquito, en el oeste de
Caracas, fueron sorprendidos por el terrible suceso que iban a ser testigos
durante horas. En la urbanización los policías gubernamentales con la ayuda de
los militares acechaban y daban caza al piloto de helicópteros Óscar Pérez por
el sublevamiento del pasado julio 2017 donde mediante un helicóptero disparo
varias granadas a dos edificios del gobierno en Caracas. Durante la mañana se
desplazaron más de 100 personas a los alrededores de las inmediaciones y los
vecinos observaban impotentes al ver semejante despliegue militar. Ni siquiera podían
salir de sus respectivas casas ya que el personal policial se lo impedían por
orden imperativo bajo amenazas y coacciones. La máxima tensión se vivó en el
momento en que Pérez se despedía de sus hijos y denunciaba al régimen del
Gobierno de Maduro al no aceptar la rendición y resaltar que deseaban
asesinarlo a sangre fría sin mediación alguna. Durante el transcurso de la
mañana se pudieron oír desde los hogares los gritos de las personas que
acompañaban al propio Pérez y a el mismo pidiendo la rendición. Al no obtener respuesta
de las fuerzas gubernamentales era indicativo que todo iba a acabar pronto.

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Pasado el mediodía los rumores de la muerte del militar ya se habían extendido
por todo el país y ya todo había acabado. El Gobierno de Maduro dio una rueda
de prensa sin preguntas asegurando que los “terroristas” habían sido abatidos y
mandaron un claro mensaje a toda Venezuela. Donde cualquier persona que deseara
la toma de armas para poder acceder al poder o hacer cualquier tipo de golpe de
estado serian rápidamente erradicadas.

 

 

 

 

Dicho mensaje se percibió por parte de la población como una amenaza clara
añadida a la actual crisis económica y social que está sufriendo el país. La
gente vivó con dolor los sucesos relacionados con la muerte de Pérez. Ya que
demuestra una vez más la incapacidad de dialogo y soluciones reales para un país
que se desangra cada día más por la ineptitud y el despotismo que se ha
instaurado en todo el Gobierno de Venezuela.

La verdad o la mentira está bien oculta, pero los hechos hablan por sí
solos, solo falta que los venezolanos y venezolanas se den cuenta de ello y actúen
en favor al futuro del país que ahora más lo necesita.